El método Mezieres

Este método de reeducación concebido por Mézières se distingue de los otros métodos clásicos por una aproximación al ser humano en su globalidad.
Este método considera que cualquier parte del cuerpo es dependiente y se relaciona con el resto del cuerpo: debido a la solidaridad de los músculos, que se organizan en cadenas. La tendencia habitual de estos músculos va en el sentido del exceso de tensión y de acortamiento, lo que tiene como consecuencia la limitación de los movimientos y la perturbación de la estática del cuerpo, debido al juego de las adaptaciones y de las compensaciones. De ello resultan los aplastamientos y las deformaciones, pero también dolores, que en realidad no son más que los efectos de una causa más lejana en el tiempo y en el espacio. El trabajo del terapeuta mézierista consiste en remontar la cadena de las compensaciones instaladas en la zona del cuerpo para buscar la o las causas primarias.
Después de un examen clínico riguroso, el tratamiento se hace mediante posturas de estiramiento, buscando relajar, aligerar y alargar las cadenas miofasciales contracturadas y/o en retracción; busca una descompresión articular y un ajustamiento postural, liberando la respiración.
‘Este trabajo atañe al cuerpo en su globalidad, requiere la participación activa del paciente, y recurre a diferentes técnicas de masaje y de movilización.
El método Mézières propone la reequilibración del conjunto neuro-músculo-osteo-articular por la rearmonización de las formas y del esquema corporal, y la utilización del sistema propioceptivo. Tiene una repercusión benéfica sobre el equilibrio del sistema neuro-vegetativo y permite la toma de conciencia de somatizaciones.
Con sus múltiples aplicaciones y su precisión terapéutica, este método ofrece una originalidad y una eficacia, situándolo en la cabeza del ámbito de la terapia manual más allá de su acción curativa tiene una importante vocación educativa y preventiva.

Por qué del método Mézières
Al cabo de algunos años de práctica de mi profesión como osteopata, hice varias constataciones:
– La falta de lógica de los diagnósticos y de los tratamientos clásicos. v la utilización de técnicas generales, inadaptadas y, por tanto, decepcionantes.
– La impresión de haber recibido una enseñanza y una formación destinadas a cuidar trozos de pacientes. Sentía  que debía ocuparme globalmente de mis pacientes para que mi acción terapéutica fuera verdaderamente eficaz.
El contacto con Mézières fue determinante, revolucionó nuestro pequeño mundo de terapeutas gracias a:
Su sentido de agudo de la observación.
Sus conocimientos precisos de la anatomía.
Su espíritu crítico, sólido y lógico.
Sus conocimientos humanos profundos.
En fin, gracias a su espíritu universal.

Para resumir lo esencial de su trabajo, Françoise Mézières nos decía: “yo hago escultura sobre el ser vivo”.

Todos los hombres hacen los mismos gestos, pero cada uno los hace a su manera. Escribir, sujetar, caminar, subir una escalera, o simplemente mantenerse de pie, se corresponden al mismo tiempo con las normas de la especie y con las características personales.
De hecho, cada gesto está cargado de psiquismo. (El hecho psicológico se introduce en el movimiento, al igual que la motricidad se impregna de psiquismo)
La coordinación motriz nos permite comprender el movimiento como un todo organizado, capaz de situarse paralelo al psiquismo, con él y delante de él. Así, uno puede ser estudiado en función del otro.

El sistema miofascial: sexto sentido
Sin imagen interna de nuestro cuerpo, no podemos ni percibir ni actuar. En la construcción de nuestra imagen corporal, los músculos tienen un papel esencial y funcionan como verdaderos órganos de los sentidos.
Cinco sentidos nos informan sobre nuestro entorno: la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto.
El sexto sentido, el músculo, nos informa sobre nosotros mismos. Es él quien nos da la sensación de pertenencia a un cuerpo.
Es la sensibilidad propioceptiva del sistema músculo tendinoso quien es responsable del papel constitutivo del cuerpo. Sin el cuerpo, no pueden haber representaciones mentales.
Los receptores sensoriales musculares aseguran una “visión interior”. Podemos considerar que el músculo es a la vez:
Actor del cuerpo, es decir su motor y espectador del cuerpo en acción.
Cuando la acción se desarrolla, genera una verdadera sinfonía de mensajes sensoriales: tacto, visión, sistema vestibular y, sobre todo, sistema propioceptivo. La acción genera las informaciones propioceptivas, pero la acción en sí misma no podrá ejercerse sin estas informaciones.
En las regiones parietales posteriores se encuentran conjuntos neuronales particulares, cuya actividad genera una “referencia corporal que se reactualiza constantemente gracias a las señales de nuestro cuerpo en acción. De esta actividad surge una “imagen de sí”. Esta imagen se afina, se aclara y se precisa durante la acción.
Es el movimiento quien crea la imagen de sí mismo. El sentimiento de corporalidad no puede ser independiente de nuestro entorno físico. Es nuestra relación con el mundo exterior la que hace que existamos.
Es el cuerpo quien, hablando al cuerpo, proporciona al cerebro las informaciones necesarias para la representación que éste se construye: el esquema corporal
Después de esta breve exposición sobre el sistema miofascial  sexto sentido, podemos deducir que:
Nuestra representación corporal está determinada directamente por el estado de nuestro sistema muscular y de su actividad v del punto anterior se deduce que nuestro equilibrio y nuestra relación armoniosa con el entorno dependerán de este sistema miofascial.

Así pues, los tejidos tienen una personalidad. Será muy importante que los terapeutas comprendamos a esa personalidad y trabajemos con ella.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies