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ANATHEORESIS, La terapia regresiva

Esta técnica se basa fundamentalmente en tres premisas: primera que no existen las enfermedades, sino los enfermos, segunda que la mayoría de las enfermedades son la respuesta a problemas propios de la persona y tercera que muchos de esos problemas son actualizaciones de daños producidos a partir del momento de la gestación y hasta los 7 o 12 años de vida.

En la terapia se utilizan una serie de estados de percepción mental distintos al de vigilia, que es el que está en funcionamiento normalmente. Estos estados se conocen como estados alterados de conciencia pero que en realidad sería más correcto denominarlos estados no ordinarios de conciencia. Se usan técnicas de relajación en distinto grado de profiindización para llevar al paciente hasta una actividad cerebral donde sus ondas alcancen una frecuencia de 4 Hz, o ciclos por segundo. En ese estado el cerebro emite ondas Theta que activan áreas del hemisferio derecho. La persona está tan relajada que casi está a punto de traspasar el umbral del sueño pero hay que evitar que llegue a dormirse, pues es importante que no se pierda la consciencia como sucede en la hipnosis. La sofrosis consiste precisamente en mantenerse ahí: la consciencia está presente pero la persona está tan profundamente relajada que abre las puertas de su mente profunda, de su hemisferio cerebral derecho, del subconsciente. Para ello es preciso utilizar un lenguaje adecuado basado en símbolos y en analogías.

Se trata fundamentalmente de ir desentrañando la biografía personal que comienza desde el momento de la gestación. Se pasa revista a las experiencias peri-natales que el bebé vive y quedan grabadas en su psique como impactos emocionales que no sabe colocar pues sus procesos de razonamiento y lógica están aún por desarrollar, ya que los ritmos Beta -propios del razonamiento, la reflexión, la deducción, la lógica, etc.- aún no han aparecido. La energía de esos impactos queda retenida y provoca traumas que al final son somatizados en enfermedades a lo largo de nuestra vida de adulto. A partir de la adolescencia los impactos ya no son traumáticos por sí mismos sino que "activan" un daño originado en el pasado y que corresponde casi siempre a un problema emocional y afectivo concreto.

En definitiva nos encontramos ante una terapia que va a favor de aquella máxima que figuraba en el frontispicio del templo de Delfos: "Conócete a ti mismo y conocerás el Universo ". La tarea de conocerse a sí mismo es algo que ocupa a la persona toda su vida y para hacerlo es preciso conocer todas las vivencias inconscientes que hemos tenido desde nuestro origen, porque sólo desentrañando los misterios de nuestra biografía oculta sabremos que hoy somos la consecuencia de nuestro pasado y que a partir de ese conocimiento estaremos en disposición de proyectar nuestro futuro.